jueves, 6 de mayo de 2021
martes, 16 de junio de 2020
lunes, 15 de junio de 2020
martes, 26 de mayo de 2020
LEONILA BUSTOS ESTUPIÑAN DE CHAVES CHAVES
Primera
mujer Concejal en el Sur de Colombia
(Ipiales,
octubre 8 de 1896 – Cali, febrero 4 de 1984)
A
los 35 años de su fallecimiento
Antes de iniciar este corto
escrito, quiero hacer una acotación que considero importante. En algunas
ocasiones, algunos paisanos me preguntan por qué escribo sobre mi familia, el
tono a veces es de reclamo y otras de asombro. La respuesta, en mi caso, es
sencilla, considero fundamental recobrar la memoria colectiva en territorios
donde no se hace o, peor aún, se trata de olvidar todo. Hemos crecido creyendo
que la historia la hacen otros, de ahí que nuestros primeros textos fueron las
cartillas, en donde era obligatorio aprender fechas y nombres, hoy sabemos que
la historia la hacemos todos y cada uno de nosotros, que es fundamental recoger
las charlas de la tulpa y plasmarlas para saber de dónde venimos y hacia dónde
vamos, en tal caso, toda historia construye memoria y forja territorio.
Independientemente de lo que encontremos, toda historia es válida. Esa sería la
respuesta a esas preguntas recurrentes cuando viajo y retorno a mi génesis, a
Ipiales principalmente.
Recuerdo a Leonila Bustos
Estupiñán, mi abuela paterna, como una mujer elegante, a veces tierna, la
llamábamos Leito, así le gustaba que la tratáramos su familia. Había nacido en
Ipiales, su hermano fue el poeta Florentino, uno de los escritores más
destacados y reconocidos del sur occidente colombiano, fundador de periódicos y
quien vivió consagrado a la poesía, tuvo otra hermana, Rogelia de Mazuera, no
la conocí, pero la familia ha mantenido la imagen de una mujer buena y generosa
que vivió para servir a los demás.
Leonila Bustos E.,
a la edad de 2 años, en medio de familiares, Ipiales, 1898
Entonces las mujeres no podían
estudiar, se dedicaban a aprender los oficios del hogar y otras cuantas
ingresaban a los conventos, sin embargo, en Ipiales habían llegado las monjas
Franciscanas de María Inmaculada, e inaugurado un colegio para mujeres en 1897,
lugar donde ingresó mi abuela a estudiar. En 1916, contrae matrimonio con mi
abuelo Guillermo Chaves Chaves, para entonces un sencillo estudiante, y quien
llegaría a ser uno de los abogados y congresista más prominentes del país, uno
de los principales promotores para que la mujer adquiriera igualdad jurídica en
Colombia, a tal punto que en múltiples ocasiones, primero como Representante y
luego como Senador, presentó el proyecto de ley para que la mujer pudiera
acudir a las urnas en igualdad de condiciones que los hombres, y así poder
elegir y ser elegida para los diferentes cargos públicos. Dicho proyecto, sólo
fue aprobado en 1954, por el entonces dictador presidente de Colombia, General
Rojas Pinilla. Mi abuelo entonces Senador, desaprobó la dictadura, padeció una
larga enfermedad y fue a morir a Nueva York en 1956, sin embargo vio hecha
realidad su permanente iniciativa, vio a las mujeres votar, entre estas a mi
propia abuela.
Leonila Bustos de
Chaves Chaves, con vestido negro y blanco.
(Foto, cortesía
Dr. Jorge Mora Caldas)
Mi abuela Leito quedó así
sola, a cargo de hijos y de propiedades que debía administrar para el sustento,
pero ello no fue óbice para que, ante el llamado de muchas personalidades de
Nariño, sintiera el llamado de servir a su pueblo, de tal manera que aceptó y
fue elegida la primera Concejal de Ipiales, siendo su Vicepresidenta, una de
las primeras mujeres en Nariño y en Colombia en ocupar tal distinción. Para
entonces, y pese a que la mujer había obtenido la igualdad jurídica, en lo
civil y en lo electoral, la mujer seguía siendo mirada con desprecio por la
sociedad machista, con todo, mi abuela supo enfrentar los retos y adelantó,
bajo sus criterios y pensamiento, obras de interés social para la comunidad
nariñense, desde la acción y la devoción por sus propias creencias.
El libro Reminiscencias,
cultura popular y medios de comunicación en el Sur de Colombia así anota:
“Leonila Bustos de Chaves, primer mujer ipialeña que ocupó una curul en el
Concejo de su tierra nativa y de quien publicamos una foto en el día de su
posesión como vocera de nuestro pueblo” (p. 89)
Reminiscencias.
Ipiales: Fundación Antonia Josefina Obando, 2009, p. 132
Sus últimos años los pasó en
Cali, ciudad a la que amó, así como a su natal Ipiales, a la edad de 88 años se
integró al Cosmos, algunas autoridades ipialeñas emitieron una resolución el
día de su fallecimiento, destacando que: “Que dentro del marco histórico y
político de este municipio, fue la primera Dama que representó a la mujer como
Concejal y Presidenta de esta Corporación Edilicia, lo cual abrió una brecha de
civismo y espíritu político y patriótico que constituye un patrimonio para la
ciudad”.
Fallecimiento,
nota de prensa. El País, Cali, 7 de febrero de 1984
Mi abuela paterna se destacó
por su elegancia, por su porte señorial, por preparar exquisitos platos con
recetas heredadas de sus ancestros; al quedar viuda debió sortear muchas
dificultades, pero lo hizo con la gallardía y el coraje que solamente las mujeres
del Sur de Colombia pueden hacerlo. No en vano la mencionada resolución la pone
como modelo para las nuevas y futuras generaciones.
Leonila Bustos de
Chaves con su hermana Cornelia Bustos, 1958
Esa fue mi abuela Leito,
ipialeña, nariñense, cosmopolita, quien amó a los suyos y sirvió a sus
conciudadanos con los servicios sociales que supo asumir desde diferentes
posiciones. Una flor en su grato recuerdo.
J. Mauricio
Chaves-Bustos
Bogotá, en el Bosque
Popular, febrero 4 de 2019
miércoles, 3 de diciembre de 2008
CHELITA BUSTOS DE CHAVES
GRACIELA BUSTOS DE CHAVES
- EN SUS 70 AÑOS DE VIDA-
Chelita: hoy, como siempre, nos congregamos en torno a ti; tus amigos, tus familiares, tus hermanos, tus hijos, tus nietos y tu bisnieto. Queremos cantarle a la vida por tus 70 preciosos años, toda una historia, todo un verdadero acopio de experiencias, en donde, al fragor de luchas, sufrimientos, dichas, consuelos, logros, éxitos, has fraguado no sólo tu propia experiencia, sino la de todos quienes te conocemos. Hoy, más que nunca, cabe recordar la campiña hermosa de tu tierra nativa, de ese Túquerres que se extiende verde, totalmente verde, por ente los cerros mágicos de nuestro querido Sur. Ahí quisieron mis abuelos Leonor y Guillermo que tu nacieras, y escogieron para ti un nombre que se perfiló en ti en toda su esplendidez: Graciela, que quiere decir la de encanto natural, la que se hace alegría permanentemente; ellos, siempre pensando lo mejor para todos, pero especialmente para ti, su primogénita, quisieron que tus pupilas contemplaran por vez primera la luz más pura de ese amigo Sol que todo lo bendice; quisieron calmar el ambiente gélido de la alta ciudad bajo el candor de mi abuela y los arrullos de mi abuelo; con sus cálidas voces te recrearon con las leyendas del Gualcalá, del Quitasol y ahuyentaron con sus rezos al Chutún y a la Tundurucha.
Después Ipiales, la tierra que generosa te hizo su propia hija, ahí fuiste mujer y madre, ahí en nuestra Tebaida te hermanaste con la creación y fuimos tus siete retoños; ahí, en la Casa Grande, en compañía de mi padre, fundaste un hogar; ahí, junto a la fortaleza de mi padre, tu ternura y tu mesura, tu cariño y tu comprensión, siempre tu eterna compañía. Allá, en esa Casa Grande, donde nos enseñaste, junto con mi padre, a amar sin reservas, a compartir sin detenciones, a vivir con dignidad y a luchar día a día teniendo siempre presente dos enseñas de vida: amor al conocimiento sin medida, y amor a la familia por sobre todas las cosas. Allí el servicio incondicional a los demás, tal y como lo has hecho en tu apostolado sagrado como Dama Gris, y en donde tus compañeras te premiaron como la Voluntaria del Año en tu querida Cruz Roja.
Después, en esta Bogotá, que también la hicimos nuestra, nos enseñas permanentemente a superar todos los trances e inconvenientes, y teniendo la compañía espiritual de nuestro padre, fuiste fuerte y no conociste la derrota, de la crisálida brotó la mujer capaz de superar todos esos quites que la vida parecía ponerte; te hiciste roble entre los robles, madera fina y firme que puede ser viga o instrumento, que bien sostiene con firmeza todos nuestros contratiempos o bien tañes las notas más finas para quienes amas.
Siempre gusto de repetir aquel pensamiento sublime del pobrecillo de Asís, cuando en éxtasis profundo oraba a su creador, se dirigía a él como a una madre, a su Dios lo llamaba Madre, porque entendía que esa condición es la más pura que pueda existir en todo el Universo. Y tú, Chelita de nuestra adoración, eres el ejemplo vivo más pertinaz de tal sentimiento: has sido como un viento fresco en nuestras desazones, has sido pradera de ensueño en nuestras pesadillas, agua cristalina en nuestros sofocos, luz en nuestras tinieblas. Bien lo hizo nuestro tío, el poeta Bustos, cuando en una de las innumerables estrofas que te dedicó, nos dice: La madre es eclosión, es ufanía/ en lo íntimo del alma: fuego, aliento; / es cantar, es plegaria – Madre quiere decir: cima, una cumbre/ es faro, irradiación, dulce encanto; /madre quiere decir: el sacro manto, / que tiene la brillantez de clara lumbre.
Hoy, aquí congregados, acepta la ofrenda de nuestras vidas, tu que nos enseñas la perfección y que nos amas sin reserva en medio de nuestras imperfecciones; tu que nos diste el mayor ejemplo de pureza y nos amas en medio de nuestros yerros. A ti, Chelita adorada, el deseo de que cumplas, muchos, pero muchísimos años más, llena de alegría, de optimismo, y siendo permanentemente nuestro faro y Guía.
Feliz Cumpleaños.
Bogotá, mayo 25 de 2008.
domingo, 16 de noviembre de 2008
FABIO J. CHAVES BUSTOS.
FABIO J. CHAVES BUSTOS
EN MEMORIA
J. MAURICIO CHAVES BUSTOS
Mayo 23 de 2006
Siempre he pensado en la trascendentalidad. Estoy seguro que al hombre le es necesario dejar huella, dejar constancia de su existencia; es el peso de la necesidad histórica que permanentemente le reclama al hombre su decurso sobre su creación: el mundo. La historia, esa mágica fantasía que se encarga de archivar la memoria, a la postre el único y verdadero fundamento humano. Y con ella, la cultura, la guardiana de esa memoria histórica, la que habla de nuestro quehacer en el cosmos, la única y verdadera forma de hablar sobre nuestra propia existencia. Historia y cultura, hermanadas, en eterna simbiosis sobre nuestra propia existencia. Ha sido la forma como mi tío, el médico Fabio Chaves Bustos ha trascendido en el mundo de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo. No este cuerpo gélido, no el conjunto de átomos que conforman la materia; el más que nadie lo sabia, pues siempre estuvo animado por un impulso, por una voluntad que le hacia ir más allá; de ahí la diferencia con el hombre intrascendente, aquel que pasa sobre la vida sin más. Fabio Chaves Bustos supo de esa fuerza vital que lo impulsó siempre a buscar nueva fronteras, a explorar el mundo, a conjugar la sapiencia intelectual con la búsqueda de las atemporalidades humanas. Fue por ello no sólo un médico del cuerpo, sino del alma.
Creo sin embargo que hay espíritus, ánimos, que no nos corresponden. Siempre se ha hablado de la presencia de un animus general, de un espíritu popular, es decir de una presencia trascendental en conjunto, que no le corresponde a un solo hombre en singular, sino que hay una pluralidad de sentimiento que conjuga las esencias colectivas. Ellas se ven animadas, eso si, por la fuerza vital de ciertos hombres, de los líderes, de los destacados, de los que llamamos prohombres, es decir de quienes nos representan. Sin embargo, hay hombres avezados, aquellos que se vuelven prototipos de nuestra humanidad; casi siempre incomprendidos, aquellos que el común terminamos por excluir porque superan nuestras propias expectativas. Fabio Chaves Bustos fue uno de ellos. A un pueblo sin memoria le molesta que se le ausculte su pasado; sin embargo hoy voy hacerlo, pese a todo y a todos, en recuerdo de mi tío. Fabio Chaves Bustos fue hijo de ese inminente y preclaro hombre de derecho, Guillermo Chaves Chaves, entre otras cosas, creador de la ley sobre propiedad intelectual, gestor de la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, autor de 12 tomos de derechos constitucional comparado, ensayista, prosita y poeta, como lo fue su cuñado, el poeta Florentino Bustos Estupiñán, el único y verdadero cantor original, hasta el momento, de nuestras celebérrimas nubes verdes.
Educado en la Inmaculada de Pasto y en el Liceo Pio XII de la ciudad de Bogotá, ingresó luego a cursar sus estudios de medicina en la Universidad Nacional de Colombia, de donde retornó a su pueblo para ejercer su profesión. Fundador y gestor de la Casa de la Cultura de Ipiales, hoy no me asombra el silencio de quienes la regentan, pues reconozco y denuncio hasta su propia contradicción en su nombre, nido de los haberes personales en detrimento de la verdadera cultura popular; no fue eso lo que mi tío pensó, por ello sus distanciamientos. Fabio Chaves Bustos, creador del quizá único programa radial científico que ha tenido el Departamento de Nariño, La ciencia y la medicina, que muy generosamente Caracol Radio transmitía, llevando la voz de la ciencia hasta las veredas más perdidas de nuestro recóndito sur colombiano, a la zaga de los haberes culturales científicos más grandes del mundo, conjugando los saberes de la medicina tradicional con la ciencia de las grandes ligas, llevando la medicina a cada hogar de nuestro pueblo y de sus veredas.
Fabio Chaves Bustos, en muchas ocasiones director del hospital de Ipiales, y de muchas instituciones médicas del Departamento. Quiso servir a su pueblo desde las tribunas públicas, pero este pueblo no lo mereció. Fabio Chaves Bustos le fue a Ipiales y a Nariño atemporal, se adelantó a su tiempo, su ánimo correspondía a una espacialidad diferente. Desgraciadamente no hemos dejado de ser provincianos, rastracueresitas, nos envilecimos en la ganancia fácil, en el dinero malogrado, somos la cuna de la hipocresía moral; un pueblo que fundamenta su quehacer en el capital del soborno, el contrabando, en el negocio ilícito de las armas y los estupefacientes, no debería llamarse pueblo. Fue esa la voz denunciante de Fabio Chaves Bustos, así como la de mi padre el Mayor Guillermo Chaves Bustos, de quienes aprendí que el soborno no puede comprar conciencias; por eso su antipatía con lo que aquí consideramos normal, por eso sus permanentes denuncias, por eso su mismisidad buscada y encontrada.
Aprendí de Fabio Chaves Bustos a disentir, a crear una conciencia sobre los actos, a tener un ánimo popular en búsqueda permanente de la identidad fundamentada en la historia y la cultura. No se contentó él con pasar por la vida sin más. Heredero de la grandeza, supo transmitirla a quienes amó, a mis hermanos primos Ricardo y Rossemary, a mis hermanos, a todos mis primos y parientes…, porque también aprendí en el a amar a la familia, a ser condescendiente sin dejar de ser crítico con sus miembros, pero supe que por encima de todo y sobre todo está el sentimiento familiar.
Por eso fue el tío perfecto, el familiar comprometido, el amigo generoso; le gustaba compartir sus exquisiteces con quien supiera saborearlas, le encantaba la buena vida en el mejor sentido del término, criado en el mejor de los medios que puedan rodear a un ser, siempre fue fiel a su casta e hidalguía; de ahí quizá la singularidad hasta en su vivienda, recreada con el saber de los libros antiguos, las piezas precolombinas, las piezas de caballería de espadas y sables, el eterno piano de las melodías que me llevan a la niñez, los cuadros de Picazo, Dalí y Goya, las antigüedades, las fotos viajas recreadas con la mirada avizora de quien valora el pasado… Por eso esa faceta poco conocida del Fabio Chaves Bustos autor de cuentos, novelas y poesía que espero algún día se pueda conocer. Dueño del más fino humor que uno pueda imaginar; no sin razón se dice que el hombre sabio es aquel que sabe encontrar la riza en las circunstancias del hombre, es autor de unos sainetes que harían desencajar de la riza hasta el más conspicuo jerarca de la parquedad. Fabio Chaves Bustos, el hombre integro en todo el quehacer cultural, el hombre polifacético, sabio e incomprendido.
Hoy, no a esa materia, no a ese cuerpo. A su ánimo, a su voluntad de dominio tan bien heredada de es Nietzsche que tanto le gustó, a su fuerza que le sobrevive, yo, materialista, agnóstico y dialéctico, elevo la plegaria de los Argivos a Apolo y Delfos, los dioses de su preferencia; invoco a nuestros Penantes y Lares, a mis ancestros, para que reciban su espíritu, el espíritu glorioso de Fabio Chaves Bustos, quien no nos deja, quien no nos abandona; a mi Tía Rosalbita, a Ricardo y a Rossemary, a toda la familia, hoy estemos seguros que una nueva deidad nos protege y nos acompaña. Siempre, por siempre en el capitel de nuestros derroteros, la presencia viva e intacta del médico Fabio Chaves Bustos.
EN MEMORIA
J. MAURICIO CHAVES BUSTOS
Mayo 23 de 2006
Siempre he pensado en la trascendentalidad. Estoy seguro que al hombre le es necesario dejar huella, dejar constancia de su existencia; es el peso de la necesidad histórica que permanentemente le reclama al hombre su decurso sobre su creación: el mundo. La historia, esa mágica fantasía que se encarga de archivar la memoria, a la postre el único y verdadero fundamento humano. Y con ella, la cultura, la guardiana de esa memoria histórica, la que habla de nuestro quehacer en el cosmos, la única y verdadera forma de hablar sobre nuestra propia existencia. Historia y cultura, hermanadas, en eterna simbiosis sobre nuestra propia existencia. Ha sido la forma como mi tío, el médico Fabio Chaves Bustos ha trascendido en el mundo de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo. No este cuerpo gélido, no el conjunto de átomos que conforman la materia; el más que nadie lo sabia, pues siempre estuvo animado por un impulso, por una voluntad que le hacia ir más allá; de ahí la diferencia con el hombre intrascendente, aquel que pasa sobre la vida sin más. Fabio Chaves Bustos supo de esa fuerza vital que lo impulsó siempre a buscar nueva fronteras, a explorar el mundo, a conjugar la sapiencia intelectual con la búsqueda de las atemporalidades humanas. Fue por ello no sólo un médico del cuerpo, sino del alma.
Creo sin embargo que hay espíritus, ánimos, que no nos corresponden. Siempre se ha hablado de la presencia de un animus general, de un espíritu popular, es decir de una presencia trascendental en conjunto, que no le corresponde a un solo hombre en singular, sino que hay una pluralidad de sentimiento que conjuga las esencias colectivas. Ellas se ven animadas, eso si, por la fuerza vital de ciertos hombres, de los líderes, de los destacados, de los que llamamos prohombres, es decir de quienes nos representan. Sin embargo, hay hombres avezados, aquellos que se vuelven prototipos de nuestra humanidad; casi siempre incomprendidos, aquellos que el común terminamos por excluir porque superan nuestras propias expectativas. Fabio Chaves Bustos fue uno de ellos. A un pueblo sin memoria le molesta que se le ausculte su pasado; sin embargo hoy voy hacerlo, pese a todo y a todos, en recuerdo de mi tío. Fabio Chaves Bustos fue hijo de ese inminente y preclaro hombre de derecho, Guillermo Chaves Chaves, entre otras cosas, creador de la ley sobre propiedad intelectual, gestor de la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, autor de 12 tomos de derechos constitucional comparado, ensayista, prosita y poeta, como lo fue su cuñado, el poeta Florentino Bustos Estupiñán, el único y verdadero cantor original, hasta el momento, de nuestras celebérrimas nubes verdes.
Educado en la Inmaculada de Pasto y en el Liceo Pio XII de la ciudad de Bogotá, ingresó luego a cursar sus estudios de medicina en la Universidad Nacional de Colombia, de donde retornó a su pueblo para ejercer su profesión. Fundador y gestor de la Casa de la Cultura de Ipiales, hoy no me asombra el silencio de quienes la regentan, pues reconozco y denuncio hasta su propia contradicción en su nombre, nido de los haberes personales en detrimento de la verdadera cultura popular; no fue eso lo que mi tío pensó, por ello sus distanciamientos. Fabio Chaves Bustos, creador del quizá único programa radial científico que ha tenido el Departamento de Nariño, La ciencia y la medicina, que muy generosamente Caracol Radio transmitía, llevando la voz de la ciencia hasta las veredas más perdidas de nuestro recóndito sur colombiano, a la zaga de los haberes culturales científicos más grandes del mundo, conjugando los saberes de la medicina tradicional con la ciencia de las grandes ligas, llevando la medicina a cada hogar de nuestro pueblo y de sus veredas.
Fabio Chaves Bustos, en muchas ocasiones director del hospital de Ipiales, y de muchas instituciones médicas del Departamento. Quiso servir a su pueblo desde las tribunas públicas, pero este pueblo no lo mereció. Fabio Chaves Bustos le fue a Ipiales y a Nariño atemporal, se adelantó a su tiempo, su ánimo correspondía a una espacialidad diferente. Desgraciadamente no hemos dejado de ser provincianos, rastracueresitas, nos envilecimos en la ganancia fácil, en el dinero malogrado, somos la cuna de la hipocresía moral; un pueblo que fundamenta su quehacer en el capital del soborno, el contrabando, en el negocio ilícito de las armas y los estupefacientes, no debería llamarse pueblo. Fue esa la voz denunciante de Fabio Chaves Bustos, así como la de mi padre el Mayor Guillermo Chaves Bustos, de quienes aprendí que el soborno no puede comprar conciencias; por eso su antipatía con lo que aquí consideramos normal, por eso sus permanentes denuncias, por eso su mismisidad buscada y encontrada.
Aprendí de Fabio Chaves Bustos a disentir, a crear una conciencia sobre los actos, a tener un ánimo popular en búsqueda permanente de la identidad fundamentada en la historia y la cultura. No se contentó él con pasar por la vida sin más. Heredero de la grandeza, supo transmitirla a quienes amó, a mis hermanos primos Ricardo y Rossemary, a mis hermanos, a todos mis primos y parientes…, porque también aprendí en el a amar a la familia, a ser condescendiente sin dejar de ser crítico con sus miembros, pero supe que por encima de todo y sobre todo está el sentimiento familiar.
Por eso fue el tío perfecto, el familiar comprometido, el amigo generoso; le gustaba compartir sus exquisiteces con quien supiera saborearlas, le encantaba la buena vida en el mejor sentido del término, criado en el mejor de los medios que puedan rodear a un ser, siempre fue fiel a su casta e hidalguía; de ahí quizá la singularidad hasta en su vivienda, recreada con el saber de los libros antiguos, las piezas precolombinas, las piezas de caballería de espadas y sables, el eterno piano de las melodías que me llevan a la niñez, los cuadros de Picazo, Dalí y Goya, las antigüedades, las fotos viajas recreadas con la mirada avizora de quien valora el pasado… Por eso esa faceta poco conocida del Fabio Chaves Bustos autor de cuentos, novelas y poesía que espero algún día se pueda conocer. Dueño del más fino humor que uno pueda imaginar; no sin razón se dice que el hombre sabio es aquel que sabe encontrar la riza en las circunstancias del hombre, es autor de unos sainetes que harían desencajar de la riza hasta el más conspicuo jerarca de la parquedad. Fabio Chaves Bustos, el hombre integro en todo el quehacer cultural, el hombre polifacético, sabio e incomprendido.
Hoy, no a esa materia, no a ese cuerpo. A su ánimo, a su voluntad de dominio tan bien heredada de es Nietzsche que tanto le gustó, a su fuerza que le sobrevive, yo, materialista, agnóstico y dialéctico, elevo la plegaria de los Argivos a Apolo y Delfos, los dioses de su preferencia; invoco a nuestros Penantes y Lares, a mis ancestros, para que reciban su espíritu, el espíritu glorioso de Fabio Chaves Bustos, quien no nos deja, quien no nos abandona; a mi Tía Rosalbita, a Ricardo y a Rossemary, a toda la familia, hoy estemos seguros que una nueva deidad nos protege y nos acompaña. Siempre, por siempre en el capitel de nuestros derroteros, la presencia viva e intacta del médico Fabio Chaves Bustos.
GUILLERMO CHAVES BUSTOS (1931-1992)
GUILLERMO CHAVES BUSTOS
(Ipiales, noviembre 10 de 1931 – junio 2 de 2002)
En el seno del hogar conformado por el Dr. Guillermo Chaves Chaves y Dña. Leonila Bustos Estupiñán, nació este ilustre hijo de Nariño. Desde temprana edad dio muestras de ingenio y de fogosidad verbal, elocuencia que más tarde lo llevaría a convertirse en portavoz de las necesidades de sus coterráneos. Sus estudios básicos transcurrieron entre Ipiales, Pasto, Ibagué y Bogotá, pues el peregrinaje de la familia se ceñía a los avatares profesionales de su padre, el reconocido abogado y político Chaves Chaves; el colegio San Felipe Neri, La Inmaculada, San Simón, La Quinta de Mutis, fueron los lugares que le brindaron los primeros conocimientos; ingresa luego a Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, en donde se gradúa como Oficial, hasta obtener el grado de Mayor. Durante su vida en la institución, se desempeñó como Comandante de Distrito, Inspector Militar y Fiscal Militar en varias guarniciones de ciudades y departamentos del país; así mismo, fue nombrado por el General Rojas Pinilla alcalde militar en Novita e Istmina, en el Chocó, y en 1961 en Montenegro, Quindío. Pulcro en sus decisiones y férreo en su carácter, fue varias veces reconocido y condecorado por sus servicios a la institución y a la comunidad.
En la vida civil, sintió la necesidad de seguir el llamado de servicio a la comunidad nariñense; es así como, primero desde las banderas de la Anapo, se convierte en un verdadero líder social; impulsado por el clamor de los más necesitados, es elegido Diputado ante la Asamblea de Nariño, en donde alcanzó la Vicepresidencia de la institución, ahí su voz fue trueno ante la denuncia y sosiego ante las inclemencias de un clima político cernido en el barullo del servilismo y la indiferencia, su mente preclara fue sinónimo de sabiduría certera y de respuesta pronta a las necesidades más apremiantes de los nariñenses; el primero de mayo de 1974, su discurso en la Plaza de Nariño sentó cátedra en el reconocimiento de los valores obreros de la región, y como si se tratara de una tarde de tauromaquia, fue alzado en hombros por los sindicalistas, trabajadores y campesinos que lo escuchaban, con razón dijo un periodista del Mayor Chaves, como se lo conoció popularmente: Lo que se hereda no se hurta, un Diputado que se destaca, en clara alusión a la herencia intelectual venida de su sabio progenitor.
Su carácter enérgico, venido de su conciencia diáfana, le hizo decir permanentemente no a los clamores de sus conciudadanos para llevarlo a otras dignidades políticas; detestó la burocracia y el nepotismo, por eso jamás aceptó ningún cargo público, escasamente, y a petición de muchos, fue designado en más de una ocasión Alcalde ad hoc de su ciudad natal. Detestaba el clientelismo y la lagartería; siempre fue claro y sincero, jamás huyó a sus responsabilidades; siempre con su característico andar, cabeza en alto y paso firme, de ahí que fuese vilipendiado por los lacayos que no soportaban sus denuncias, pero siempre supo la posición que representaba en la sociedad, de ahí que sin temor alguno hiciera de las emisoras y periódicos locales el atril de las verdades, ahí fue la voz de los sin voz, la fuerza de los débiles, la mirada de los ciegos.
Sin caer en el extremismo de las convicciones, fue conservador a ultranza, pero le interesaban más las convicciones sociales que las conveniencias particulares, de ahí que, bajo un razonamiento abierto, impulsara y ayudara las causas sociales vinieren del partido político que vinieren. Sus mejores amigos fueron los liberales, estrechó la mano familiar de Heraldo Romero Sánchez y sintió el aprecio sincero de Carlos Pantoja, lideres de izquierda, cuando supo de sus capacidades para dirigir la política y el destino de la región.
No había actividad en pro de la sociedad nariñense, e ipialeña particularmente, donde su nombre no fuese tenido en cuenta para granjearse así el apoyo de ricos y pobres, de sabios y de neófitos; así lo atestiguan los múltiples reconocimientos, bien de la Sociedad de Carreteros de Tracción Animal de Ipiales, del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Ipiales, de la Gobernación del Departamento, como de los más selectos clubes de la región, de colegios y universidades, de sindicatos y de sociedades religiosas. El Mayor Chaves Bustos era la efigie del pueblo en persona, siempre representó dignamente el sentir del pueblo ipialeño. Sus discursos y escritos son verdadera piezas de elocuencia, en donde la razón y el argumento se conjugan con el sentimiento y la pasión; en ellos la filosofía se hermana con la sociología para describir la problemática de su época y de su espacio, la antropología y la literatura para definir los caracteres de sus conciudadanos, la historia y el arte para develar la cultura que lo inspiró y lo rodeó.
Habiendo sido elegido Presidente del Directorio Conservador de Ipiales, apoyó la candidatura del Dr. Eduardo Realpe Chamorro en 1992. Acompañar en la posesión al nuevo burgomaestre fue el último acto político y social, así como el Decreto de Honores el primero del Dr. Realpe. Ese 2 de junio, la muerte debió sorprenderlo en actividad, cuando preveía para su terruño, ese Ipiales que tanto amó, un futuro más prospero y mejor.
Hoy su recuerdo nos embarga el alma, pero nos alienta a seguir sus pasos, a sentir su voz en la voz de los necesitados, a ser palabra de denuncia ante los atropellos de una sociedad cada vez más fraccionada y más indolente frente a las necesidades ajenas, a seguir sus pasos para encauzarlos como él, firme y de frente, ante una corruptela política infame y atroz que nos aqueja.
J. MAURICIO CHAVES-BUSTOS
Bogotá, octubre 30 de 2008.
(Ipiales, noviembre 10 de 1931 – junio 2 de 2002)
En el seno del hogar conformado por el Dr. Guillermo Chaves Chaves y Dña. Leonila Bustos Estupiñán, nació este ilustre hijo de Nariño. Desde temprana edad dio muestras de ingenio y de fogosidad verbal, elocuencia que más tarde lo llevaría a convertirse en portavoz de las necesidades de sus coterráneos. Sus estudios básicos transcurrieron entre Ipiales, Pasto, Ibagué y Bogotá, pues el peregrinaje de la familia se ceñía a los avatares profesionales de su padre, el reconocido abogado y político Chaves Chaves; el colegio San Felipe Neri, La Inmaculada, San Simón, La Quinta de Mutis, fueron los lugares que le brindaron los primeros conocimientos; ingresa luego a Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, en donde se gradúa como Oficial, hasta obtener el grado de Mayor. Durante su vida en la institución, se desempeñó como Comandante de Distrito, Inspector Militar y Fiscal Militar en varias guarniciones de ciudades y departamentos del país; así mismo, fue nombrado por el General Rojas Pinilla alcalde militar en Novita e Istmina, en el Chocó, y en 1961 en Montenegro, Quindío. Pulcro en sus decisiones y férreo en su carácter, fue varias veces reconocido y condecorado por sus servicios a la institución y a la comunidad.
En la vida civil, sintió la necesidad de seguir el llamado de servicio a la comunidad nariñense; es así como, primero desde las banderas de la Anapo, se convierte en un verdadero líder social; impulsado por el clamor de los más necesitados, es elegido Diputado ante la Asamblea de Nariño, en donde alcanzó la Vicepresidencia de la institución, ahí su voz fue trueno ante la denuncia y sosiego ante las inclemencias de un clima político cernido en el barullo del servilismo y la indiferencia, su mente preclara fue sinónimo de sabiduría certera y de respuesta pronta a las necesidades más apremiantes de los nariñenses; el primero de mayo de 1974, su discurso en la Plaza de Nariño sentó cátedra en el reconocimiento de los valores obreros de la región, y como si se tratara de una tarde de tauromaquia, fue alzado en hombros por los sindicalistas, trabajadores y campesinos que lo escuchaban, con razón dijo un periodista del Mayor Chaves, como se lo conoció popularmente: Lo que se hereda no se hurta, un Diputado que se destaca, en clara alusión a la herencia intelectual venida de su sabio progenitor.
Su carácter enérgico, venido de su conciencia diáfana, le hizo decir permanentemente no a los clamores de sus conciudadanos para llevarlo a otras dignidades políticas; detestó la burocracia y el nepotismo, por eso jamás aceptó ningún cargo público, escasamente, y a petición de muchos, fue designado en más de una ocasión Alcalde ad hoc de su ciudad natal. Detestaba el clientelismo y la lagartería; siempre fue claro y sincero, jamás huyó a sus responsabilidades; siempre con su característico andar, cabeza en alto y paso firme, de ahí que fuese vilipendiado por los lacayos que no soportaban sus denuncias, pero siempre supo la posición que representaba en la sociedad, de ahí que sin temor alguno hiciera de las emisoras y periódicos locales el atril de las verdades, ahí fue la voz de los sin voz, la fuerza de los débiles, la mirada de los ciegos.
Sin caer en el extremismo de las convicciones, fue conservador a ultranza, pero le interesaban más las convicciones sociales que las conveniencias particulares, de ahí que, bajo un razonamiento abierto, impulsara y ayudara las causas sociales vinieren del partido político que vinieren. Sus mejores amigos fueron los liberales, estrechó la mano familiar de Heraldo Romero Sánchez y sintió el aprecio sincero de Carlos Pantoja, lideres de izquierda, cuando supo de sus capacidades para dirigir la política y el destino de la región.
No había actividad en pro de la sociedad nariñense, e ipialeña particularmente, donde su nombre no fuese tenido en cuenta para granjearse así el apoyo de ricos y pobres, de sabios y de neófitos; así lo atestiguan los múltiples reconocimientos, bien de la Sociedad de Carreteros de Tracción Animal de Ipiales, del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Ipiales, de la Gobernación del Departamento, como de los más selectos clubes de la región, de colegios y universidades, de sindicatos y de sociedades religiosas. El Mayor Chaves Bustos era la efigie del pueblo en persona, siempre representó dignamente el sentir del pueblo ipialeño. Sus discursos y escritos son verdadera piezas de elocuencia, en donde la razón y el argumento se conjugan con el sentimiento y la pasión; en ellos la filosofía se hermana con la sociología para describir la problemática de su época y de su espacio, la antropología y la literatura para definir los caracteres de sus conciudadanos, la historia y el arte para develar la cultura que lo inspiró y lo rodeó.
Habiendo sido elegido Presidente del Directorio Conservador de Ipiales, apoyó la candidatura del Dr. Eduardo Realpe Chamorro en 1992. Acompañar en la posesión al nuevo burgomaestre fue el último acto político y social, así como el Decreto de Honores el primero del Dr. Realpe. Ese 2 de junio, la muerte debió sorprenderlo en actividad, cuando preveía para su terruño, ese Ipiales que tanto amó, un futuro más prospero y mejor.
Hoy su recuerdo nos embarga el alma, pero nos alienta a seguir sus pasos, a sentir su voz en la voz de los necesitados, a ser palabra de denuncia ante los atropellos de una sociedad cada vez más fraccionada y más indolente frente a las necesidades ajenas, a seguir sus pasos para encauzarlos como él, firme y de frente, ante una corruptela política infame y atroz que nos aqueja.
J. MAURICIO CHAVES-BUSTOS
Bogotá, octubre 30 de 2008.
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