domingo, 16 de noviembre de 2008

GUILLERMO CHAVES BUSTOS (1931-1992)

GUILLERMO CHAVES BUSTOS
(Ipiales, noviembre 10 de 1931 – junio 2 de 2002)

En el seno del hogar conformado por el Dr. Guillermo Chaves Chaves y Dña. Leonila Bustos Estupiñán, nació este ilustre hijo de Nariño. Desde temprana edad dio muestras de ingenio y de fogosidad verbal, elocuencia que más tarde lo llevaría a convertirse en portavoz de las necesidades de sus coterráneos. Sus estudios básicos transcurrieron entre Ipiales, Pasto, Ibagué y Bogotá, pues el peregrinaje de la familia se ceñía a los avatares profesionales de su padre, el reconocido abogado y político Chaves Chaves; el colegio San Felipe Neri, La Inmaculada, San Simón, La Quinta de Mutis, fueron los lugares que le brindaron los primeros conocimientos; ingresa luego a Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, en donde se gradúa como Oficial, hasta obtener el grado de Mayor. Durante su vida en la institución, se desempeñó como Comandante de Distrito, Inspector Militar y Fiscal Militar en varias guarniciones de ciudades y departamentos del país; así mismo, fue nombrado por el General Rojas Pinilla alcalde militar en Novita e Istmina, en el Chocó, y en 1961 en Montenegro, Quindío. Pulcro en sus decisiones y férreo en su carácter, fue varias veces reconocido y condecorado por sus servicios a la institución y a la comunidad.

En la vida civil, sintió la necesidad de seguir el llamado de servicio a la comunidad nariñense; es así como, primero desde las banderas de la Anapo, se convierte en un verdadero líder social; impulsado por el clamor de los más necesitados, es elegido Diputado ante la Asamblea de Nariño, en donde alcanzó la Vicepresidencia de la institución, ahí su voz fue trueno ante la denuncia y sosiego ante las inclemencias de un clima político cernido en el barullo del servilismo y la indiferencia, su mente preclara fue sinónimo de sabiduría certera y de respuesta pronta a las necesidades más apremiantes de los nariñenses; el primero de mayo de 1974, su discurso en la Plaza de Nariño sentó cátedra en el reconocimiento de los valores obreros de la región, y como si se tratara de una tarde de tauromaquia, fue alzado en hombros por los sindicalistas, trabajadores y campesinos que lo escuchaban, con razón dijo un periodista del Mayor Chaves, como se lo conoció popularmente: Lo que se hereda no se hurta, un Diputado que se destaca, en clara alusión a la herencia intelectual venida de su sabio progenitor.

Su carácter enérgico, venido de su conciencia diáfana, le hizo decir permanentemente no a los clamores de sus conciudadanos para llevarlo a otras dignidades políticas; detestó la burocracia y el nepotismo, por eso jamás aceptó ningún cargo público, escasamente, y a petición de muchos, fue designado en más de una ocasión Alcalde ad hoc de su ciudad natal. Detestaba el clientelismo y la lagartería; siempre fue claro y sincero, jamás huyó a sus responsabilidades; siempre con su característico andar, cabeza en alto y paso firme, de ahí que fuese vilipendiado por los lacayos que no soportaban sus denuncias, pero siempre supo la posición que representaba en la sociedad, de ahí que sin temor alguno hiciera de las emisoras y periódicos locales el atril de las verdades, ahí fue la voz de los sin voz, la fuerza de los débiles, la mirada de los ciegos.
Sin caer en el extremismo de las convicciones, fue conservador a ultranza, pero le interesaban más las convicciones sociales que las conveniencias particulares, de ahí que, bajo un razonamiento abierto, impulsara y ayudara las causas sociales vinieren del partido político que vinieren. Sus mejores amigos fueron los liberales, estrechó la mano familiar de Heraldo Romero Sánchez y sintió el aprecio sincero de Carlos Pantoja, lideres de izquierda, cuando supo de sus capacidades para dirigir la política y el destino de la región.

No había actividad en pro de la sociedad nariñense, e ipialeña particularmente, donde su nombre no fuese tenido en cuenta para granjearse así el apoyo de ricos y pobres, de sabios y de neófitos; así lo atestiguan los múltiples reconocimientos, bien de la Sociedad de Carreteros de Tracción Animal de Ipiales, del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Ipiales, de la Gobernación del Departamento, como de los más selectos clubes de la región, de colegios y universidades, de sindicatos y de sociedades religiosas. El Mayor Chaves Bustos era la efigie del pueblo en persona, siempre representó dignamente el sentir del pueblo ipialeño. Sus discursos y escritos son verdadera piezas de elocuencia, en donde la razón y el argumento se conjugan con el sentimiento y la pasión; en ellos la filosofía se hermana con la sociología para describir la problemática de su época y de su espacio, la antropología y la literatura para definir los caracteres de sus conciudadanos, la historia y el arte para develar la cultura que lo inspiró y lo rodeó.

Habiendo sido elegido Presidente del Directorio Conservador de Ipiales, apoyó la candidatura del Dr. Eduardo Realpe Chamorro en 1992. Acompañar en la posesión al nuevo burgomaestre fue el último acto político y social, así como el Decreto de Honores el primero del Dr. Realpe. Ese 2 de junio, la muerte debió sorprenderlo en actividad, cuando preveía para su terruño, ese Ipiales que tanto amó, un futuro más prospero y mejor.

Hoy su recuerdo nos embarga el alma, pero nos alienta a seguir sus pasos, a sentir su voz en la voz de los necesitados, a ser palabra de denuncia ante los atropellos de una sociedad cada vez más fraccionada y más indolente frente a las necesidades ajenas, a seguir sus pasos para encauzarlos como él, firme y de frente, ante una corruptela política infame y atroz que nos aqueja.




J. MAURICIO CHAVES-BUSTOS
Bogotá, octubre 30 de 2008.

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