FABIO J. CHAVES BUSTOS
EN MEMORIA
J. MAURICIO CHAVES BUSTOS
Mayo 23 de 2006
Siempre he pensado en la trascendentalidad. Estoy seguro que al hombre le es necesario dejar huella, dejar constancia de su existencia; es el peso de la necesidad histórica que permanentemente le reclama al hombre su decurso sobre su creación: el mundo. La historia, esa mágica fantasía que se encarga de archivar la memoria, a la postre el único y verdadero fundamento humano. Y con ella, la cultura, la guardiana de esa memoria histórica, la que habla de nuestro quehacer en el cosmos, la única y verdadera forma de hablar sobre nuestra propia existencia. Historia y cultura, hermanadas, en eterna simbiosis sobre nuestra propia existencia. Ha sido la forma como mi tío, el médico Fabio Chaves Bustos ha trascendido en el mundo de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo. No este cuerpo gélido, no el conjunto de átomos que conforman la materia; el más que nadie lo sabia, pues siempre estuvo animado por un impulso, por una voluntad que le hacia ir más allá; de ahí la diferencia con el hombre intrascendente, aquel que pasa sobre la vida sin más. Fabio Chaves Bustos supo de esa fuerza vital que lo impulsó siempre a buscar nueva fronteras, a explorar el mundo, a conjugar la sapiencia intelectual con la búsqueda de las atemporalidades humanas. Fue por ello no sólo un médico del cuerpo, sino del alma.
Creo sin embargo que hay espíritus, ánimos, que no nos corresponden. Siempre se ha hablado de la presencia de un animus general, de un espíritu popular, es decir de una presencia trascendental en conjunto, que no le corresponde a un solo hombre en singular, sino que hay una pluralidad de sentimiento que conjuga las esencias colectivas. Ellas se ven animadas, eso si, por la fuerza vital de ciertos hombres, de los líderes, de los destacados, de los que llamamos prohombres, es decir de quienes nos representan. Sin embargo, hay hombres avezados, aquellos que se vuelven prototipos de nuestra humanidad; casi siempre incomprendidos, aquellos que el común terminamos por excluir porque superan nuestras propias expectativas. Fabio Chaves Bustos fue uno de ellos. A un pueblo sin memoria le molesta que se le ausculte su pasado; sin embargo hoy voy hacerlo, pese a todo y a todos, en recuerdo de mi tío. Fabio Chaves Bustos fue hijo de ese inminente y preclaro hombre de derecho, Guillermo Chaves Chaves, entre otras cosas, creador de la ley sobre propiedad intelectual, gestor de la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, autor de 12 tomos de derechos constitucional comparado, ensayista, prosita y poeta, como lo fue su cuñado, el poeta Florentino Bustos Estupiñán, el único y verdadero cantor original, hasta el momento, de nuestras celebérrimas nubes verdes.
Educado en la Inmaculada de Pasto y en el Liceo Pio XII de la ciudad de Bogotá, ingresó luego a cursar sus estudios de medicina en la Universidad Nacional de Colombia, de donde retornó a su pueblo para ejercer su profesión. Fundador y gestor de la Casa de la Cultura de Ipiales, hoy no me asombra el silencio de quienes la regentan, pues reconozco y denuncio hasta su propia contradicción en su nombre, nido de los haberes personales en detrimento de la verdadera cultura popular; no fue eso lo que mi tío pensó, por ello sus distanciamientos. Fabio Chaves Bustos, creador del quizá único programa radial científico que ha tenido el Departamento de Nariño, La ciencia y la medicina, que muy generosamente Caracol Radio transmitía, llevando la voz de la ciencia hasta las veredas más perdidas de nuestro recóndito sur colombiano, a la zaga de los haberes culturales científicos más grandes del mundo, conjugando los saberes de la medicina tradicional con la ciencia de las grandes ligas, llevando la medicina a cada hogar de nuestro pueblo y de sus veredas.
Fabio Chaves Bustos, en muchas ocasiones director del hospital de Ipiales, y de muchas instituciones médicas del Departamento. Quiso servir a su pueblo desde las tribunas públicas, pero este pueblo no lo mereció. Fabio Chaves Bustos le fue a Ipiales y a Nariño atemporal, se adelantó a su tiempo, su ánimo correspondía a una espacialidad diferente. Desgraciadamente no hemos dejado de ser provincianos, rastracueresitas, nos envilecimos en la ganancia fácil, en el dinero malogrado, somos la cuna de la hipocresía moral; un pueblo que fundamenta su quehacer en el capital del soborno, el contrabando, en el negocio ilícito de las armas y los estupefacientes, no debería llamarse pueblo. Fue esa la voz denunciante de Fabio Chaves Bustos, así como la de mi padre el Mayor Guillermo Chaves Bustos, de quienes aprendí que el soborno no puede comprar conciencias; por eso su antipatía con lo que aquí consideramos normal, por eso sus permanentes denuncias, por eso su mismisidad buscada y encontrada.
Aprendí de Fabio Chaves Bustos a disentir, a crear una conciencia sobre los actos, a tener un ánimo popular en búsqueda permanente de la identidad fundamentada en la historia y la cultura. No se contentó él con pasar por la vida sin más. Heredero de la grandeza, supo transmitirla a quienes amó, a mis hermanos primos Ricardo y Rossemary, a mis hermanos, a todos mis primos y parientes…, porque también aprendí en el a amar a la familia, a ser condescendiente sin dejar de ser crítico con sus miembros, pero supe que por encima de todo y sobre todo está el sentimiento familiar.
Por eso fue el tío perfecto, el familiar comprometido, el amigo generoso; le gustaba compartir sus exquisiteces con quien supiera saborearlas, le encantaba la buena vida en el mejor sentido del término, criado en el mejor de los medios que puedan rodear a un ser, siempre fue fiel a su casta e hidalguía; de ahí quizá la singularidad hasta en su vivienda, recreada con el saber de los libros antiguos, las piezas precolombinas, las piezas de caballería de espadas y sables, el eterno piano de las melodías que me llevan a la niñez, los cuadros de Picazo, Dalí y Goya, las antigüedades, las fotos viajas recreadas con la mirada avizora de quien valora el pasado… Por eso esa faceta poco conocida del Fabio Chaves Bustos autor de cuentos, novelas y poesía que espero algún día se pueda conocer. Dueño del más fino humor que uno pueda imaginar; no sin razón se dice que el hombre sabio es aquel que sabe encontrar la riza en las circunstancias del hombre, es autor de unos sainetes que harían desencajar de la riza hasta el más conspicuo jerarca de la parquedad. Fabio Chaves Bustos, el hombre integro en todo el quehacer cultural, el hombre polifacético, sabio e incomprendido.
Hoy, no a esa materia, no a ese cuerpo. A su ánimo, a su voluntad de dominio tan bien heredada de es Nietzsche que tanto le gustó, a su fuerza que le sobrevive, yo, materialista, agnóstico y dialéctico, elevo la plegaria de los Argivos a Apolo y Delfos, los dioses de su preferencia; invoco a nuestros Penantes y Lares, a mis ancestros, para que reciban su espíritu, el espíritu glorioso de Fabio Chaves Bustos, quien no nos deja, quien no nos abandona; a mi Tía Rosalbita, a Ricardo y a Rossemary, a toda la familia, hoy estemos seguros que una nueva deidad nos protege y nos acompaña. Siempre, por siempre en el capitel de nuestros derroteros, la presencia viva e intacta del médico Fabio Chaves Bustos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario